Pablo Mora

 

Para Dulce

RETO BOLIVARIANO

 

 

Para Dulce

 

Cómo se nos va agostando

la vida cuando de pronto

se detiene un verso a punto

de dinamitar geranios

y sin embargo anclada

en una sonrisa

se siembra en los campos

para renacer una y otra vez

cómo se nos quiebra el silencio

cuando una voz se enasta

en el reloj del tiempo

para deletrear su canto

que no cesa

y cómo se nos prende

del alma la tristeza

por no haber escrito a coro

su ternura en el anverso

de sus campanarios de amor

y sin embargo habrá

que fraguar en arcilla

sus suspiros

para que no quede cántaro

sin el cristal de su risa

prendido en el corazón

de las penas del mundo

 

Dulce la madre

que cuando falta el pan

se va en busca de posada

para conjurar los caminos

con la sangre de su alma

en el campo de batalla

con toda la humanidad

abierta sobre la tierra

le construye a los cercos

resplandecientes espirales

para entregar su alegría

su fuerza sus ríos

sus pájaros sus tardes

sus colinas sus acechos

sus rosas más puras

su canto sus chicharras

sus flautas escondites garabatos

a quienes en silencio

levantan la voz

 

Mirarás hacia atrás

a tientas buscarás
lágrimas y palmeras

la luna tumbada
y un rumor de leyenda

girarás a derecha y a izquierda
a izquierda y a derecha girarás

buscando a Dulce

y la encontrarás siempre

prendida de una sonrisa

a galope del amor

 

 

 

Mery Sananes – Pablo Mora

 

RETO BOLIVARIANO

 

 

Pablo Mora

 

 

¡Creo en ti, perenne Hijo de la Gloria!

¡Inmarcesible Rayo de la Guerra!

¡Comandante invencible de Los Andes!

¡Espada vencedora de los Dioses!

 

Creo en el Ávila, fanal primero

donde irradió el fulgor de tu existencia.

En el vientre que arrulló tu gloria

y en  maestro que templó tu mente.

En el pueblo que siguió tus pasos

y en la nodriza negra de tu infancia.

 

Creo en la Roma en que juraste un día

dar tu sangre por nuestra Libertad.

En el mar en que acampaste cuando

la Patria te confió el primer mandado.

En  la ternura que le diste a Fanny

con el aliento de tu amor a prisa.

Creo en la flama de amor de Manuelita,

en la fulguración de tus soldados

y en la estampida de palomos briosos

en busca del Jinete redivivo.

 

Creo en la nívea pila bautismal

al fraguarte inmortal Libertador,

en la pila sagrada de Los Andes.

En el Llano que se  fue contigo,

erguido fiel por nuestra libertad.

En la lealtad del corazón

del negro en llamas que inmoló la Patria.

Creo en el Mariscal en que creíste

y en la desgarradura de Berruecos.

Creo en tu arrojo que envidiaste a Piar

y en el Piar que tuviera que morir

para abrir paso a tu esperanza egregia

en medio de la lucha sin cuartel.

 

Creo en Petión, el de la noble mano,

al enjugar la lágrima al esclavo.

En la furiosa huracandad de Pisba,

acicate feroz de tus soldados,

en el alumbramiento de la helada,

hijo de aquél que se quedó en la cuesta.

Creo en la majestad del Chimborazo

donde de pie entendiste al viejo Tiempo.

En tu rostro desafiando el mar

cuando, lejos, clamabas por la Patria.

En los ásperos callos de tus manos

para el hambre de América harapienta.

 

Creo en tus brazos  y en tus puños creo

desde la eternidad encabritados.

En el samán  que te albergara creo,

en tus noches, tus selvas, tus caminos.

Creo en  el tamarindo de Angostura

donde amarraras tu esperanza al río.

En el entrecejo de tus iras

y en el crispado acento de tu verbo.

Creo en tu hamaca, compañera fiel

en cada escaramuza libertaria.

En la orfandad de tus monturas viejas,

añorándote a ti, ¡Oh Padre Nuestro!

 

Creo en las plateadas herraduras,

hechizos del galope redentor.

En tu espada que atizó la gloria,

sembrando sobre sombras libertad.

Creo en Palomo y su inmortal relincho

cuando, gozoso, te sabía campal.

También en los secretos que confiabas

a tu mula Orejona y obediente.

Creo en el tremedal de Casacoima:

regazo en el delirio de tus sueños.

Creo en Pichincha y creo en Boyacá

y en Junín, Carabobo y Ayacucho.

 

Creo en la cruenta imagen que tenías

de aquella América rapaz del Norte.

En el recio camarada Rooke

quien a la noche le ofrendó su brazo.

En  la Gran Colombia que fundaste

y en el sueño de América, la Patria.

Creo en tu pensamiento, fulminante

hoguera de visiones sempiternas.

Creo en Jamaica y creo en Angostura

donde fijaste el rumbo a nuestra América.

 

En la América tuya tan dolida,

ágora ayer: la comunión  del mundo.

En Tinjacá y en tu Nevado perro,

en tu pobreza y tu camisa rota

para la desnudez de Santa Marta.

En el fulgurar de tu relámpago

perdido en la hondonada del vacío.

En el alarido de la noche

con la última proclama de la unión.

Creo en la redención de  nuestro suelo

por tus huestes apenas comenzada.

 

En nuestra soledad iluminada

por tu ejército ahora clandestino.

En la reciedumbre de tu furia

amparada en melífera ternura.

Creo en tu sangre guaicaipura y éuscara,

hermana de la sangre de Lautaro,

¡Oh  Fénix trashumante, la esperanza

de los partos solares por venir!

 

Creo en la Guerra de Tupac Amaru,

la Guerra a Muerte que empuñara el Ande.

En Martí cuando corrió a buscarte

en la noche sangrienta de tu América

y en la montaña que soñó tribuna,

entre relámpago y furente rayo,

y un manojo de pueblos en tu puño,

rendidos los tiranos a tus pies.

Creo en el Che, en Camilo y en Sandino

para tu valentía encarnaduras.

Creo en todos los hijos de la Tierra

capaces de fraguar la nueva aurora.

 

En la hospitalidad de estas neblinas

creo, remanso de tu luengo insomnio.

Definitivamente creo en Ti,

¡Omnipotente Padre de la Patria!

Y aunque tú ya una Patria nos dejaste,

creo en la Patria que nos falta hacer.

Creo en ti, ¡Adalid de Libertad!

Desde estos ventisqueros de los Andes,

donde una América de pie te espera

para salir a libertar más patrias

así tengamos que retar a Dios

con tal de no seguir arando el mar.

 

 

 

 

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